08 octubre 2017

España es el país de Europa donde más trabajadores ocupados buscan otro empleo



El 12% de los españoles se encuentra actualmente buscando otro empleo, bien para cambiar de trabajo o para compatibilizarlo con el que ya tienen, según un estudio de Randstad elaborado a partir de más de 13.500 encuestas a profesionales ocupados de 34 países. Así, España se sitúa como el país de Europa con mayor índice de ocupados buscando otro puesto de trabajo.

El porcentaje español está tres puntos por encima de la media europea. Ligeramente por encima del promedio europeo, con una tasa del 10%, se encuentran Suecia, Italia, Suiza, Grecia y Dinamarca. 

Al mismo nivel que la media europea del 9% se sitúan Polonia, Noruega, Francia y Hungría. Con un 8% aparecen Reino Unido, Bélgica, Alemania y Países Bajos y en los últimos puestos, con tasas del 6% y del 7%, figuran Portugal, Austria y Luxemburgo.

Fuera de Europa, China (17%) y Estados Unidos (14%) superan a España en búsqueda activa de empleo y se posicionan como los países con los índices más elevados. Australia y Japón, por su parte, muestran una tasa de búsqueda activa de empleo del 10% y del 7%, respectivamente.

Según el informe, los trabajadores con estudios superiores son los más activos buscando otro puesto de trabajo, pues el 14% de este colectivo se encuentra en esta situación. Le siguen los que tienen nivel medio (8%) y, por último, los que disponen de educación básica (7%).

SOMOS SINDICALISTAS | Fuente: 20minutos

30 septiembre 2017

Las trabajadoras en tratamientos de fecundación, desprotegidas por la norma frente al despido



El Senado debatió esta semana una proposición de ley para cambiar la norma, pero no prosperó: el PP fue el único grupo que votó en contra

El 20 de junio de hace tres años, Susana (nombre ficticio) recibió una carta de despido disciplinario: su compañía aseguraba que su desempeño deficiente estaba afectando al "correcto rendimiento de la empresa". El suyo podría haber sido uno de los cientos de despidos que llegan cada año a los tribunales si no fuera porque, desde tres meses antes a la fecha de despido, estaba siguiendo un tratamiento para quedarse embarazada mediante fecundación in vitro. Los tribunales lo tuvieron claro: su despido fue nulo y su caso merece la misma protección que el de una trabajadora que ya está embarazada.

La realidad cambia, pero la norma no lo ha hecho. El Estatuto de los Trabajadores contempla la protección para las trabajadoras embarazadas: desde la fecha de inicio de su embarazado su despido es nulo. No incluye, por contra, mención alguna para las trabajadoras que siguen algún tratamiento de fertilidad. Por otro lado, la norma permite el despido objetivo (con una indemnización de 20 días) por absentismo, es decir, por bajas frecuentes. Entre las excepciones para aplicarlo está el tratamiento de enfermedades como el cáncer o dolencias relacionadas con el embarazo y el parto, pero ninguna que mencione este tipo de tratamientos. 

"Está pensado para el absentista recurrente que abusa de las bajas cortas, pero hay personas que sí necesitan ausentarse con frecuencia durante un periodo de tiempo por causas médicas o de salud y la norma no permite analizar esas causas, simplemente contempla la posibilidad de aplicar un despido automático, es una barbaridad", dice Josep Pérez, el abogado del Colectivo Ronda que ganó el caso de Susana. Para ello, explica, tuvo que demostrar que la causa de despido estaba relacionada con el tratamiento al que se sometía la trabajadora y no con los motivos que la empresa aducía en la carta. Lo consiguió.


"La ausencia de una causa que justifique el despido, unido al conocimiento de la empresa de someterse al tratamiento de fertilidad", dice la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, justifica que el despido fuera nulo. El despido, prosigue, "no responde a realidad alguna, sino a la simple decisión de prescindir de la trabajadora", algo que, unido al tratamiento de fertilidad, hace que la decisión de la empresa no esté justificada.
Esta semana, el Senado debatió una proposición de ley de Unidos Podemos que aspiraba a modificar el Estatuto de los Trabajadores para, por un lado, equiparar la protección de embarazadas y mujeres en tratamiento de reproducción asistida y, por otro, incluir entre las excepciones al despido por absentismo la asistencia a este tipo de tratamientos. El texto no prosperó: el Partido Popular fue el único grupo que votó en contra, a pesar de que hace unos meses presentó una moción para incluir otros de los casos que quedan fuera de la norma actual, el de los donantes vivos de órganos.

Protección en los convenios

Para la profesora de Derecho del Trabajo de la Universidad de León, Henar Álvarez, la norma debería cambiar para contemplar esta casuística. Álvarez recuerda que el Tribunal Supremo ya ha avalado la protección frente al despido de estas trabajadoras. La experta subraya también que la mayoría de convenios colectivos no contempla una protección específica: "Una forma de hacerlo es, por ejemplo, concediendo permisos para asistir a estos tratamientos. Algunos, no obstante, sí incluyen el cambio de puesto de trabajo para las trabajadoras en tratamientos por si pudiera afectarles".
Mientras, los tribunales están considerando estos casos motivo de despido improcedente o nulo pero obligan a los abogados a hacer un esfuerzo probatorio extra. "Yo aconsejo a todas las mujeres que están en esta circunstancia que lo notifiquen oficialmente a su empresa. Aunque de momento no tengan la misma protección que si estuvieran embarazadas, si lo comunican y luego sucede algo es más fácil llegar y ganar en los tribunales", explica el abogado Josep Pérez. Esa notificación sería una garantía en los casos en los que la empresa aplique un despido disciplinario en el que aseguran que la trabajadora ha cometido alguna irregularidad.
En abril, el Supremo declaró nulo el despido de una trabajadora que se estaba sometiendo a un tratamiento de fecundación in vitro. La sentencia subraya que la propia empresa había reconocido que el despido era improcedente y que su razonamiento no excluye que existiera discriminación y se vulnerara el principio de igualdad. El embarazo aún no se había producido, pero la discriminación ya había tenido lugar.

SOMOS SINDICALISTAS | Fuente: eldiario | Autor: Ana Requena Aguilar

15 septiembre 2017

Detenido un empresario que obligaba a sus trabajadores a esconderse en estiércol



Agentes de la Policía Nacional han detenido a dos personas en relación con un presunto delito de explotación laboral en una empresa agrícola/ganadera de Almoradí (Alicante).
Uno de los detenidos es un empresario que presuntamente daba pautas a sus empleados -normalmente extranjeros en situación irregular- para que se escondieran en el estiércol de la explotación para evitar ser detectados si había presencia policial.
Según ha informado la Policía en un comunicado, los detenidos son dos personas a quienes se considera presuntos autores de un delito de falsedad documental y contra los derechos de los trabajadores.

A raíz de una denuncia presentada en dependencias policiales de Murcia, los agentes tuvieron conocimiento de una serie de irregularidades en el seno de una explotación agrícola/ganadera situada en la localidad de Almoradí.
Efectivos de la Policía Nacional iniciaron una investigación conjunta y comprobaron que en este centro de trabajo supuestamente se cometían irregularidades a nivel laboral con respecto al horario y la apertura.
Además, esta empresa no poseía el obligado material de seguridad recogido en la normativa sobre Prevención de Riesgos Laborales y les arrendaba a sus trabajadores unas casetas, situadas en el interior de la finca, algunas de ellas con unas "condiciones ínfimas de seguridad".

Estiércol para "evitar ser detectado"

En el momento de la inspección policial y de trabajo se hallaban trabajando dos ciudadanos extranjeros jubilados. Por las declaraciones de los implicados, se determinó que el empresario supuestamente solía contratar a personas extranjeras en situación irregular a las que les daba pautas de cómo actuar en caso de presencia policial, como esconderse en el estiércol de la explotación "para evitar ser detectado".
Además, el gerente simuló una relación laboral con otra persona con el fin de que ese supuesto trabajador consiguiese ciertos "beneficios administrativos" a nivel de extranjería con la consiguiente falsedad contractual.
Esta falsedad fue detectada en la Oficina Única de Extranjeros de Murcia y se dio aviso a Inspección de Trabajo de Alicante, que anuló por fraudulentas todas las anotaciones y movimientos de este supuesto trabajador.
Los investigadores han detenido al empresario y a la persona que simuló esa relación laboral inexistente y que además se encontraba en situación irregular en España. Ambos, tras ser oídos en declaración han sido puestos en libertad con cargos.
La inspección policial y laboral ha sido llevada a cabo por miembros de la Jefatura Superior de Policía Nacional de Murcia y la Comisaría Provincial de Alicante en colaboración con Inspección de Trabajo de Alicante. 

SOMOS SINDICALISTAS | Fuente: 20minutos

05 septiembre 2017

La cara del empleo precario: 8 horas de trabajo y sin contrato por 450 euros al mes

J., junto a una moto, parecida a la que usaba para hacer los repartos, tras la entrevista.


J.C.M., de 30 años, prefiere mantener el anonimato porque no quiere "señalarse". Él es uno de tantos que en Jerez y en el conjunto de España trabajan de manera precaria. Esos que no figuran en las listas del desempleo, pero que trabajan ocho o diez horas aun con un contrato de media jornada. O lo que es peor, sin estar dados de alta.

Este joven, en los últimos cinco años, ha pasado por todo esto. Pero no siempre fue así. En los albores de la crisis, con 18 años, ya trabajaba en una céntrica y conocida tienda de ropa. Tenía contrato, echaba sus ocho horas diarias y cobraba 800 euros al mes. Un buen trabajo que compaginaba, las noches de los fines de semana, repartiendo pizzas. Aun acercándose, su sueldo no llegaba a mileurista, ese término despectivo que se creó para criticar a todos aquellos que no llegaban a los mil euros al mes. Efectivamente eran otros tiempos. ¿Cuántos no darían ahora por cobrar esa miseria?
Lo cierto es que la cosa empezó a cambiar cuando el negocio en el que trabaja cierra sus puertas. Y más cuando estalla la crisis. La cuesta arriba se le hace eterna. Si para muchos con estudios y másteres encontrar un trabajo en España se convierte en una utopía, él, con estudios básicos —Graduado Escolar— mucho más. 
Tras agotar la prestación y después de dos años buscando empleo decide seguir formándose para intentar abrirse nuevas puertas. Estudia jardinería en una escuela taller y realiza durante un año y medio prácticas remuneradas entre el Zoo de Jerez y el parque periurbano de Santa Teresa. Tras este periodo volvería al paro. Los gastos que tiene en casa no le permiten hacerse con herramientas de jardinería que al menos le valgan para buscarse algún trabajo de manera autónoma.
Tras otro largo periodo en el dique seco, J. volvería a retomar los estudios, esta vez en la rama de la hostelería, viendo que en Jerez la apertura de bares y restaurantes es inversamente proporcional al número de empresas. Esta vez los estudios le sirven para algo más que para unas prácticas. Una vez finalizados no tarda en encontrar trabajo en un restaurante oriental como camarero y repartidor. Pero estamos en plena crisis y, recordemos, esto lo aprovechan muchos empresarios para manejar a su antojo a sus trabajadores, sabedores de que tienen mucho que perder y poco que ganar si se quejan. Así que nuestro protagonista se ve cobrando 600 euros con un contrato de media jornada pero trabajando ocho, de 12 de la mañana a cuatro de la tarde y de ocho a doce de la noche.
Sin ser su empleo soñado, aguanta. Es una época en la que no podía decir que no a un trabajo, más teniendo la idea de irse a vivir a un piso con su novia. Y aunque desgraciadamente el negocio cierra sus puertas a los dos años, tarda apenas unas semanas en salir de las listas del paro. 
Otro restaurante oriental sería su destino, con las mismas condiciones laborales de repartidor y camarero, además de las mismas horas de trabajo —ocho—, pero eso sí, estando de alta cuatro. Al menos su sueldo aumenta en 50 euros para situarse en los 650, y además sus jefes tienen la deferencia de pagarle los gastos de gasolina de su moto para hacer los repartos.
Sin embargo, pronto regresan los problemas. Pasados seis meses empieza a tener problemas a la hora de cobrar. Le dejan a deber mil euros y, aunque los acaba cobrando, decide no renovar de mutuo acuerdo viendo que los problemas podrían continuar en el futuro. Pero J. no deja el trabajo sin tener otro en mano. Un amigo le había comentado que un restaurante turco buscaba un repartidor. Allá que se fue, pero las condiciones laborales no son las que pensaba. Se ve trabajando ocho horas por 450 euros y sin contrato laboral. Además, y aunque le ofrecen una moto para hacer los repartos, decide usar la suya —recién comprada con sus ahorros— visto el mal estado de la que le ofrecían. “No tenía estabilidad ninguna y daba problemas al arrancar”, afirma.
Tras comenzar su vida laboral con unas condiciones más que aceptables, el descenso a los infiernos de la precariedad ha sido continuo año tras año para J. El último episodio lo ha vivido hace apenas unas semanas. Mientras llevaba un pedido a un domicilio tuvo un accidente en el que también se vio involucrado un coche. El joven cayó al suelo y perdió el conocimiento debido al fuerte impacto. No recuerda cómo pasó. Estuvo toda la noche en el hospital, donde le hicieron diferentes pruebas que descartaran lesiones neurológicas. Pero le han quedado recuerdos en forma de magulladuras, moratones y una posible fisura en una costilla, a la espera de que se lo confirmen. Desconoce, porque no tiene noticias al respecto, de si la inspección de trabajo ya ha tomado cartas en el asunto. Solo sabe que su jefe le prometió que le abonaría los 2.000 euros que le costó su moto —declarada siniestro total— y que ahora solo le ofrece 200. Ahora también le ofrece un contrato laboral —¿hubiera hecho lo mismo si no hubiera ocurrido el accidente?— pero J. solo aceptaría si le garantiza que solo trabajaría de camarero. “Ya no quiero ser repartidor nunca más. Le he cogido miedo”.
Ahora, de baja forzada por sus molestias y por tener que ir a rehabilitación, J. solo piensa en “recuperarme lo antes posible para poder volver a trabajar”. Pero no sabe aún dónde. Sus planes de futuro, esos que había centrado en irse a vivir con su novia, se le han truncado. “Tenía ahorrados mil euros, pero ya se me han ido 500 porque tengo que echar una mano en casa”, afirma. Su novia, además, apenas gana 300 euros al mes.
J. está desencantado. “Pensé hasta en montar un negocio, pero el señor Montoro ha decidido aumentar la cuota mínima de autónomo, así que es imposible”. El joven, que tampoco tiene ahorros para irse a Reino Unido a trabajar, se ve atrapado en Jerez, una ciudad que este pasado mes de agosto vio aumentar en 283 los demandantes de empleo hasta situarse otra vez al borde de los 28.000 desempleados (27.973). “Jerez no tiene futuro mientras se sigan llevando las industrias al norte de España, siga teniendo la deuda tan inmensa que tiene y siga teniendo una mentalidad pueblerina. Aquí siempre se votan a los mismos, con lo cual seguiremos igual”.

SOMOS SINDICALISTAS | Fuente: lavozdelsur | Autor: Juan Carlos Toro @CarleteToro


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