19 marzo 2015

El jefe tuitea

Cómo ser un CEO social: los trabajadores prefieren los jefes tuiteros

Que un director tuitee genera disparidad de opiniones, porque sus mensajes pueden comprometer a la compañía entera. Pero lo cierto es que si se hace bien los beneficios son evidentes


En los últimos meses se ha puesto de moda el término CEO social para definir a aquellos dirigentes empresariales que participan activamente en las redes sociales.

Que el jefe tuitee genera disparidad de posturas. El principal argumento de los detractores es que, como primer representante de la compañía, sus opiniones compartidas públicamente pueden comprometer a la empresa.
Además, aquellos que no ven el potencial de las redes sociales pensarán incluso que es una pérdida de tiempo para una persona que precisamente debe estar todo el día muy ocupada.


El mejor ejemplo de CEO social que hemos tenido en nuestro país ha sido sin lugar a dudas Marcos de Quinto. El que fuera presidente de Coca-Cola España no dudó nunca en compartir en Twitter su opinión sobre todo tipo de temas, sin
esquivar los más controvertidos y metiéndose en jardines más a menudo de lo que podría parecer aconsejable para un directivo de su nivel y cara conocida de una de las marcas más importantes del mundo.

Si no sabes, no lo hagas, porque alguien con una gran reputación profesional puede quedar como un imbécil si demuestra que en pleno 2015 no sabe las reglas básicas para escribir en Twitter

Recuerdo que ante alguno de los líos en los que se metió este CEO, en más de una ocasión escuché decir que “si se enteraban en Atlanta tenía los días contados”. Y era cierto, tenía los días contados en España… Pero porque le terminaron haciendo vicepresidente mundial (no creo que haya sido por su afición tuitera, pero desde luego esto no ha sido un impedimento).

Pero el caso de de Quinto quizá no es un ejemplo aplicable a todos los directivos. Para lo bueno o para lo malo no es lo mismo dirigir una mediana empresa que “la chispa de la felicidad”, pero en cualquier caso es un ejemplo digno de mención y que ya se está convirtiendo en todo un caso de estudio al hablar sobre este tema.

Para movernos con datos que puedan aplicarse de forma más general, hace unos días se publicaba un informe elaborado por la consultora Weber Shandwick y KRC Reseach, titulado La reputación premium del CEO: una nueva era del engagement, del que pueden extraerse cifras interesantes. Esteinforme, realizado entre 1.700 ejecutivos de distintos continentes, señala que los CEO sociales son valorados de media un 20% por encima de los no sociales en ámbitos como innovación, honestidad, comunicación interna y externa, preocupación por las condiciones de trabajo y visión estratégica, entre otros.
Marcos de Quinto, vicepresidente mundial de Coca-Cola y ejemplo de CEO social

Apoyándonos en estos datos parece que no es mala idea para un CEO dedicar un rato a participar en las redes sociales pero, ¿cómo debe hacerlo? Puede seguir el ejemplo de Marcos de Quinto y hacer exactamente lo que le pida el cuerpo, pero personalmente optaría por un perfil más prudente.

El primer directivo es la cara más visible de la empresa. Tanto que según el citado estudio los encuestados opinaban que contribuye hasta en un 45% a la reputación de la compañía y hasta en un 44% al valor en el mercado de la misma. Por ello es fundamental que cuando actúe en redes sociales lo haga estratégicamente.

Lo primero es controlar las plataformas. Si no sabes, no lo hagas, porque alguien con una gran reputación profesional puede quedar como un imbécil si demuestra que en pleno 2015 no sabe las reglas básicas para escribir en Twitter. No es grave, son muchos los que no lo dominan, pero si ese es el caso lo mejor es hacer una formación previa.

Ser auténtico no quiere decir que tengas que compartir con todo el mundo tu ideología política, tus creencias religiosas o lo que te gusta hacer en la cama

A partir de este punto debería tener claro cuál es su objetivo (interactuar con sus stakeholders, posicionarse como experto, etc) y sobre esa base planificar las redes en las que va a participar y los mensajes que quiere transmitir. Con este trabajo hecho, mi recomendación pasaría entonces por ser constante, auténtico (mezclar contenido profesional con personal –controlado, eso sí- es una buena idea) y minimizar riesgos.

Ser auténtico no quiere decir que tengas que compartir con todo el mundo tu ideología política, tus creencias religiosas o lo que te gusta hacer en la cama. Si es algo que no dirías a los cuatro vientos a cualquiera que acabases de conocer, no lo hagas en Twitter, es tan fácil como eso.

Ah, y lo de señalar en el perfil “las opiniones son solo mías” vale de poco. ¡Desde luego que son tuyas, no van a ser de mi prima! Pero si eres un representante de una empresa o institución, tus opiniones, te guste o no, siempre las podrán relacionar con la entidad que diriges.