08 abril 2015

La crisis deja paso a la precariedad


La contratación laboral ha remontado en Cataluña en los últimos dos años, pero las condiciones de los empleos no son las mismas y, según los expertos, el cambio “ha llegado para quedarse”. Ganan terreno los trabajos por horas, los bajos salarios y la temporalidad, siendo esta última la que se ha extendido con más fuerza. El único tipo de contrato que crece desde el inicio de la crisis es el que vence a los 30 días: en 2014 se firmaron 886.781 frente a los 626.764 de 2007, un 41,5% más según el Observatorio de Trabajo del Departamento de Empresa.

Los trabajos que duran un mes o menos han ganado peso y han pasado de representar el 21,9% del total de la contratación al 36,3% en siete años. La directora de relaciones laborales de la patronal Pimec, Jana Callís, opina que las compañías se ven atraídas a estos contratos para hacer frente a una demanda inestable: “El de obra y servicio se ha convertido en una tendencia entre las empresas, ya que esta fórmula responde mejor a las necesidades del mercado que no son seguras”.

La secretaria de Socioeconomía de CC OO, Cristina Faciaben, coincide en que la incertidumbre no favorece la contratación de larga duración, pero cree que el problema va más allá de las dudas sobre la economía. “La flexibilidad se está extendiendo como modo de ahorro. Se están haciendo contratos que van de lunes a viernes para no incluir en el salario mensual lo que correspondería al fin de semana”, denuncia. Faciaben cree que la crisis “está sirviendo de excusa” para eliminar regulaciones y sobrepasar límites. “Bajo el epígrafe de la flexibilidad se pone al trabajador en una situación de extrema precariedad e incertidumbre sobre su futuro, ya que sin un empleo estable se hace más difícil acceder a todo: créditos, alquileres...”.

Entre quienes encontraron empleo el año pasado está Susana L., ecuatoriana de 33 años. Una residencia privada de ancianos en Barcelona le hizo un contrato de 30 días para reemplazar a otra trabajadora. Cuando este finalizó, le ofreció otro de 15. Un mecanismo que se repitió hasta sumar los cinco meses, cuando Susana se cansó de horarios imposibles que le impedían cuidar de sus dos hijos. “El sitio me gustaba, pero había días en los que tenía que estar de las nueve de la mañana a las nueve de la noche. Solo tenía un día libre a la semana, que iba variando”, recuerda. Prefirió volver a las listas del paro para seguir un curso en el Servicio de Ocupación de Cataluña para ser monitora de campamentos.

El empleo estable escasea entre los nuevos trabajos, que además se ven obligados a aceptar sueldos y jornadas más cortas de las que les gustaría. El número de catalanes que se tuvieron que conformar con un trabajo parcial al no encontrar uno de 40 horas semanales creció un 161,9% entre 2008 y 2014, cuando se situó en 261.348, según un informe de CC OO con datos de la Encuesta de Población Activa. De estos, más de la mitad hubiera preferido una jornada de ocho horas.

Uno de ellos es J. V., un doctorando en el CSIC que tuvo resignarse a aceptar un contrato equivalente al 60% de una jornada completa para desarrollar su proyecto de robótica. “Aunque muchas veces entro a las 9.30 y no salgo hasta las 19.30 porque tengo que cumplir con los plazos de entrega de trabajos”, admite este investigador de 30 años. La continuidad de su empleo, de “poco menos de 1.000 euros al mes”, depende de que el organismo le renueve el contrato cada año. Un trámite que no se puede extender más de tres años. “Aunque tengo la esperanza de que el centro reciba los fondos necesarios para poder contratarme”, afirma.

La parcialidad se mantendrá como una alternativa válida para muchas empresas que hacen frente a una recuperación inestable, según afirma el investigador del Departamento de Economía Aplicada de la UAB Albert Recio: “Crece porque permite a las compañías afrontar repuntes de actividad de muy pocas horas”.

A esto se suma que la reforma laboral aprobada en 2012 por el Gobierno central abrió las puertas a la inclusión de horas complementarias, recuerda el director de relaciones laborales de la patronal Foment del Treball, Javier Ibars: “Ahora es posible que los trabajadores a tiempo parcial hagan horas extra, dotando a esta fórmula de flexibilidad”.

Los bajos salarios también se han incrustado en las nuevas contrataciones. Según un estudio realizado por la compañía de selección de personal Hays, el porcentaje de parados españoles que rechazó una oferta de trabajo aumentó del 23% en 2013 al 28% en 2014 y, de estos, cerca de la mitad lo hizo porque el sueldo no alcanzaba sus expectativas. Los salarios en Cataluña se han reducido una media del 12% entre 2009 y 2012, con picos que van del 5% al 35%, según un estudio de UGT sobre las condiciones salariales negociadas en convenios. El sueldo medio pasó de 16.800 euros en 2008 a 15.968 en 2012, últimos datos que maneja el sindicato.

“Más que la crisis, fue la reforma laboral la que aumentó la precariedad”, denuncia el secretario de acción sindical de UGT, Camil Ros. “Antes, las empresas también tenían dificultades y, sin embargo, no recurrían a ello”, afirma. Para Ros, la prueba es que la contratación de baja calidad ha calado incluso en el sector que gozaba de mayor estabilidad laboral: la industria. “No solo se destruye industria, sino que los nuevos empleados tienen sueldos más bajos y jornadas más cortas”, lamenta.