25 mayo 2015

La banca y sus sombras

Las sospechas se extienden al ‘shadow banking’, desregulación que puede generar la próxima crisis
BEA CRESPO
Recientemente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advertía de los riesgos de la “banca en la sombra”, o shadow banking en inglés. Las alarmas sobre este sector no son nuevas y, de hecho, el propio término ha ganado protagonismo sólo tras el comienzo de la actual crisis económica en 2007. Entre otras cosas porque una parte importante de la crisis financiera iniciada en Estados Uni­dos se gestó precisamente en esa banca en la sombra.

¿Qué es la “banca en la sombra”?

No existe consenso ni siquiera a la hora de demarcar con precisión este concepto, lo que da una primera idea de su complejidad. El Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés), institución creada tras la crisis para coordinar la supervisión y estabilidad financiera internacional –con la fe de conseguirlo algún día–, define el sistema de banca en la sombra como toda intermediación crediticia conformada por entidades y actividades fuera del sistema bancario tradicional. Dicho de otro modo, sería cualquier entidad que realice actividades de crédito pero sin ser un banco. Cabe advertir que, pese a lo tenebroso del nombre, no se trata de actividades necesariamente ilícitas, sino que quedan fuera de la regulación bancaria.
Esta definición del FSB es un tanto vaporosa, puesto que incluye una cantidad enormemente amplia de actividades de intermediación. Asimismo, hemos de considerar que, en realidad, la separación entre sector tradicional e intermediación no bancaria es muy difusa, dada la imbricación entre ambos, ya que la banca tradicional también participa de este tipo de actividades en la sombra. Esto, unido a la constante innovación del sector con una ilimitada variedad de operaciones de crédito, complica mucho su definición.

¿Qué importancia tiene la banca en la sombra en el conjunto del sistema financiero?

Como es difícil definir bien qué es exactamente banca en la sombra, las cifras sobre su peso relativo en el conjunto de las finanzas tampoco son muy precisas. El FSB, en su último informe anual, estima que el sector de intermediación financiera no bancaria alcanzó en 2013 un volumen de activos superior a los 75,2 billones de dólares (unos 67 billones de euros). Esto representa cerca del 25% de activos financieros totales.
Se trata de un sector, además, en continua expansión pese a la crisis, o quizá precisamente por ella, con tasas de incremento superiores al 7% anual en 2012 y en 2013. Aunque menor en cuanto a peso relativo, destaca el crecimiento de la banca en la sombra de China, que registra un crecimiento exponencial, con tasas del 40% en 2013.
Se trata de un sector, además, en continua expansión pese a la crisis, o quizá precisamente por ella

¿Por qué puede ser un problema serio?

La grave amenaza que supone la banca en la sombra es la conjunción entre riesgo crediticio y su falta de regulación. El riesgo de crédito, relacionado con posibles impagos, supone un peligro potencial por su posibilidad de contagio generalizado. Es por ello que la actividad bancaria está muy regulada y supervisada. Los bancos, por ejemplo, son obligados a respaldar algunos créditos con unas determinadas garantías, su capacidad de financiación está limitada según su volumen de activos, se les exige mantener “colchones” de capital para tener recursos con los que responder a posibles impagos… Todo ello no evita, como sabemos, que los bancos ocasionen nuevas crisis debido a sus prácticas abusivas, excesiva cercanía con el regulador (baste recordar que el actual presidente de la patronal bancaria es un antiguo supervisor del Banco de España), etc. Pero si todas estas malas artes pueden pasar en un sector altamente supervisado, qué no podrá suceder en otro dedicado a lo mismo pero fuera de control. Tal escasa o nula regulación ofrece mayor capacidad de endeudamiento y con ello mayores beneficios potenciales. Pero ese mayor riesgo de crédito y las interrelaciones con el conjunto del sistema financiero hacen que pueda convertirse en un riesgo sistémico.

Entonces, ¿por qué sigue existiendo y creciendo?

En momentos de mayores exigencias sobre las entidades financieras estándar como en la actualidad, la banca en la sombra se convierte en alternativa para obtener crédito. Ése es un motivo de que crezca pese al contexto de crisis. Y eliminarla, por tanto, podría acentuar la recesión. Pero más allá de esas cuestiones, la banca en la sombra es una consecuencia estructural del propio patrón económico vigente. La dinámica del capitalismo moderno está propulsada por el crédito. Escapar a la regulación que lo limita forma parte misma de la esencia del sistema. El sector bancario tradicional se muestra crítico y advierte de que el shadow banking será origen de la próxima crisis. Es normal su preocupación, en la medida en que ese sector le hace competencia, además de que los riesgos en que incurre la banca en la sombra pueden acabar por contagiarlo. Pero la propia banca tradicional participa activamente en ese sector, pues le permite mantener pasivos fuera de su balance contable o derivar en otros su riesgo de crédito. Es lo que pasó, conviene recordar, con las hipotecas subprime en Esta­dos Unidos. Y es lo que hace la banca europea, mucho más implicada todavía en la banca en la sombra que la estadounidense. En realidad, con esas críticas se pide también al regulador que relaje sus controles.
El problema de la banca en la sombra es finalmente el problema mismo de una dinámica económica guiada por el endeudamiento privado en un contexto de liberalización de los mercados internacionales de capitales y economía financiarizada.