23 junio 2015

No te organizas mal: es que cobras muy poco

No te organizas mal: es que cobras muy poco
ÁLVARO MINGUITO
¿Y qué ibas a hacer tú si el paki de abajo no estuviera abierto cuando vuelves de trabajar a las diez de la noche y no tienes nada en la nevera para cenar? ¿Y qué vamos a hacer ahora si los niños no van a la mina? Lo pintan como un debate sobre “actividad económica”, “crear empleo”, “dar vida a las ciudades”. Y el cedazo cuando planteas los inconvenientes. ¿Es que con cinco millones de parados estás en contra de ‘crear empleo’, escoria? No. Bueno, qué coño, igual sí. El mejor empleo es el que se destruye. Sólo digo que quizá, si rascas un poco, el problema está en salir a las diez de la noche de trabajar. Pero todos en el mismo barco: el comercio, la revitalización, la sacrosanta actividad. Mirar mal a quien admite dormir ocho horas seguidas.

Y luego está la horma del zapato de la argumentación anterior: la magufada de la racionalización de horarios. Esto ya es high class, ojo. No por nada el capitán de esto –el presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles– se apellida Buqueras y Bach. Esto ya es para quienes tienen un horario fijo de trabajo y, técnicamente, un lugar también (eso si no tienes la inmensa suerte de conciliar –chupito– teletrabajando –chupito–, o sea, poniendo tú la electricidad y la calefacción, y no la empresa). Pero ya han sentado las bases que querían, soltado la palabra mágica “racionalización”, y pasado la pelota hacia el tejado de que quien se organiza mal si se lleva curro a casa eres tú. A currar de ocho a tres, o sea, adelantar el atasco de la M-30 de las ocho a las siete de la mañana en tu coche (que también lo pones tú). Pero, claro, si se racionalizan los horarios ya no sales a las diez y la cena y el paki…

Ya han sentado las bases que querían, soltado la palabra mágica “racionalización”, y pasado la pelota hacia el tejado de que quien se organiza mal si se lleva curro a casa eres tú

Es básico que haya mucha gente trabajando, toda. ¿Para qué, para quién, favoreciendo o entorpeciendo qué? ¿Quitándole tiempo a qué para hacerlo? Da lo mismo. Que fichen, que compren. Que se endeuden. No cuestionar el círculo virtuoso. Generar confianza. Que volvamos a 2005.El progreso de poder comprarte un ficus a las dos de la mañana un domingo. Disociar a sabiendas cómo trabajan los comercios de cómo trabajamos quienes no lo hacemos en ellos, hasta hacer parecer que la relación es inexistente. Se consiguió con las mujeres que trabajan en sus casas. ¿Por qué no se iba a invisibilizar otro ámbito, paradójicamente, haciendo que esté abierto todo el rato?

El debate sobre la apertura de comercios 24 horas, así como el del salario mínimo –puenteable vía becas o trabajo gratuito en virtud de “periodos formativos”– o el de la racionalización de horarios –¿qué es eso de dos horazas para comer? Para que la empresa siga adelante es fundamental que no apartes la vista del ordenador mientras te comes un sandwich– es otro de esos globos sonda de lo laboral que parten de unas premisas de debate inmodificables, que el lanzador del globo se encarga de establecer, pero que quienes escuchamos –o mejor, sufrimos, porque quienes curramos somos nosotros–, no tenemos capacidad de modificar. Con el añadido de que la apertura ilimitada de comercios contempla un escenario que necesariamente, dicen, se va a extender (ya estamos viviendo los primeros hechos consumados); mientras que los salarios mínimos y los horarios racionalizados de oficina –con un mercado laboral cuyos sueldos, tiempos y espacios están desguazados– hablan de épocas que ya no van a volver. Es decir, ninguno de los tres se mueven en el presente. Y sin embargo, son tenidos como referencia.

Hay que poner el foco en hoy. En contestar lo que toca en esa pregunta trampa del CIS a los empleados a tiempo parcial acerca de si quieren echar más horas en el trabajo. Que no te sesgue el planteamiento infecto: no quieres echar más horas, tú lo que quieres es más dinero. Amigo currela, no te tortures con tu formación, ni con que te organizas mal. Posiblemente lo que pasa es que cobras muy poco. Y es que como alguien decía el otro día en Twitter, en la galera de Ben Hur tampoco había paro.