28 agosto 2015

El hambre no coge vacaciones

El hambre no coge vacaciones
Alrededor de 50 niños están sentados en una mesa de colegio esperando un vaso de zumo y una tostada con queso. No es curso escolar, es agosto, y los niños de este casal de verano de la Cruz Roja en Mataró no han tenido unas vacaciones convencionales. Acuden a este centro para que por lo menos tengan el desayuno, la comida y la merienda asegurados, además de otras actividades lúdicas a las que no tienen acceso. En Catalunya, casi el 29% de menores de 16 años se encuentra por debajo del umbral de riesgo de pobreza, según datos de IDESCAT publicados el mes pasado.
Por lo que refiere a la población general, casi un 21% de catalanes se encuentra en esta situación según estos datos. Durante el año, aunque no de forma totalmente garantizada, las becas comedor son un apoyo para las familias que viven en riesgo de pobreza. ¿Pero qué pasa con la llegada del verano? Iniciativas como las casas de Cruz Roja Catalunya o las tarjetas prepago de la misma entidad son a menudo la única salida para las familias en esta situación.

Los datos ofrecidos a este diario por la Cruz Roja antes de finalizar el verano evidencian, no solo que el problema del acceso a la alimentación no ha disminuido, sino que en 2015 ha seguido aumentando. Este verano la Cruz Roja de Catalunya ha ayudado a 4.539 niños a través de las tarjetas prepago, unas tarjetas con las que las familias con hijos en situación vulnerable pueden ir a comprar en comercios de proximidad. En 2014 repartieron esta ayuda a 4.459 niños, un número que ya casi doblaba las ayudas ofrecidas en 2013. Carlota Bassols, responsable de proyectos de alimentación infantil de Cruz Roja Catalunya cuenta a este diario que el problema cuando llega el verano es que estas familias se quedan sin las ayudas públicas de acceso a la comida. “Las tarjetas se incrementan sobre todo porque llegan a familias que durante el año tienen becas comedor”, dice.

Vacaciones sin comida garantizada

Mercedes: “Yo hago sopa o arroz a la cubana la mayoría de días, lo principal es la comida para los niños, yo me apaño con cualquier cosa”

Verónica: “Pues yo he llegado a ir a un supermercado a pedir comida al encargado”.

Las que hablan son dos madres (nombres ficticios) preocupadas por la alimentación de sus hijos. Su situación económica y la cronificación de la pobreza pone en riesgo su capacidad para ofrecer a su familia una alimentación con garantías.

Detrás de cada una de las cifras de Cruz Roja se esconden las historias de mujeres como Mercedes, Cristina o Verónica. Sentadas una al lado de la otra en una mesa del Casal de Mataró donde llevan a sus hijos, se lanzan miradas de complicidad y sin miedo van poniendo sobre la mesa sus preocupaciones.

Mercedes tiene dos hijos de cinco y siete años, es madre soltera, debido a un accidente está de baja actualmente y cobra “300 y pico euros” cada 25 días, cuenta. “Llevo tres meses sin pagar el piso”, lamenta a Catalunya Plural.

Cristina tiene tres hijos, dos niñas, de cinco y siete años y un bebé. No tiene trabajo, su pareja actual le ayuda a sufragar los gastos de electricidad, y por eso, dice, su situación es un poco mejor que antes.

Verónica tiene cuatro hijos, la mayor, de 18 años vive con su tía, “una boca menos que alimentar”, expresa con tristeza. El resto vive con ella y su madre. No tiene trabajo y recibe también ayuda de Caritas.

Los hijos de estas tres mujeres se encuentran dentro de las nueve de cada diez familias con niños atendidos por Cruz Roja Catalunya en riesgo de exclusión que sufren inseguridad alimentaria.

Casal de verano de la Cruz Roja Mataró / ENRIC CATALÀ
“Todas las familias de este Casal tienen dificultades para garantizar la alimentación, dificultados para garantizar todas las comidas del día, con las ayudas que reciben no es posible”, dice Sandra Sánchez, directora del Casal de Mataró. Cuando habla de las ayudas se refiere a la comida que las entidades dan, una aportación que a menudo no es suficiente. Y en cualquier caso, se trata de alimentos en conserva, no frescos.

Como son, por ejemplo, los alimentos que recauda el Banc d’Aliments durante su campaña “La fam no fa vacances” (el hambre no hace vacaciones) y que distribuye luego a través de otras entidades. Este año consiguieron recolectar 476.000 quilos. Una portavoz de la entidad expresó a Catalunya Plural que “lamentablemente nos movemos en niveles parecidos al año anterior”. En su anuncio pedían alimentos tales como arroz, legumbres secas o pasta.

“Comer, come la gente, el problema es sobre todo la calidad de lo que comen”, expresa Carlota Bassols. “Lo que nos falta es el producto fresco, yo lo que puedo hacerles a mis hijos es arroz o sopa, sobre todo sopa”, dice Mercedes.

Las consecuencias para la salud de una dieta pobre

“Los lunes, tras el fin de semana en casa, notamos a los niños más decaídos”, comenta la directora del centro. El fin de semana es cuando las familias deben encargarse de preparar tanto la cena como las distintas comidas del día que durante la semana ofrece el casal. “Hacemos pasta o arroz, cosas que nos dan”, dice Verónica. “Leche es lo que más beben los niños y no tenemos, es lo que mejor nos va”, añade.

“¿A largo plazo qué consecuencias tendrá esta situación?” se pregunta Carlota Bassols. La Sociedad Española de Salud Pública y Administrativa Sanitaria (SESPAS) alertó en un manifiesto que el grado de pobreza infantil alcanzado en España “dejará efectos indelebles en la salud de los niños a largo plazo" y su presidente, Ildefonso Hernández, comentaba a este diario a raíz de otro articulo que los efectos de esta pobreza se empezarán a notar en la salud de estos niños cuando lleguen a los 40 o 50 años.

Pobreza cronificada

Cristina: “Yo tengo suerte porque mi madre y mi abuela me ayudan y pueden quedarse con los niños”

Mercedes: “Pues yo no tengo a nadie, estoy sola. Aunque hoy un familiar me ha comprado 20 euros de carne, y ya me sirven para todo el mes”

Verónica: “Yo voy a Caritas cada 15 días pero ahora están de vacaciones, por esto fui al encargado del supermercado, que no puede ayudarme, pero me ha dado comida”

Cristina: “Sí, hay mucha gente solidaria”

La solidaridad es para estas familias la única salida a una situación desesperante. Su conversación explica la situación en la que se encuentran, que se contrapone con los datos de mejora de la economía. “Los números cuentan una parte de la realidad, la situación de las familias que atendemos no ha mejorado, están en una situación de pobreza cronificada”, lamenta Joan Alberdi, técnico de Intervención Social de Cruz Roja Mataró. Y añade: “Lo que piden cuando llegan es trabajo, porque el trabajo garantiza que puedas mantener a tu familia”.

Carlota Bassols explica a Catalunya Plural que muchas de las familias que reciben las ayudas de la Cruz Roja son las mismas que recibían ayuda en 2013. “Son familias que están dentro de un bucle del cual es muy difícil salir”, lamenta.

Casal de verano de la Cruz Roja Mataró / ENRIC CATALÀ
“Entregamos comida cada tres meses, pero hay familias que al mes y medio nos piden más porque no les llega”, cuenta Alberdi, quien está de acuerdo en que solo con lo que reciben no es suficiente. “Muchas madres nos dicen que se quitan comida de ellas para darla a sus hijos, pero los padres también tienen que comer”, reivindica este técnico. La directora del casal añade que cuando sobra comida hay niños que piden llevársela a casa para comerla más tarde o ofrecerla a otro miembro de la familia.

Bassols recuerda que algunas de las familias a las que ayuda Cruz Roja solo reciben la ayuda mínima de 400 euros o incluso algunas no tiene ningún ingreso. Según el Observatorio de Vulnerabilitat de esta entidad el 32% de las familias atendidas destina menos de 200 euros a la alimentación familiar, mientras que la Agencia Catalana de Salut Pública recomienda gastar entre 520 y 600 euros mensuales en el caso de familias de cuatro miembros.

Llega junio, los colegios cierran pero el hambre no descansa.