14 septiembre 2015

Explotación y abandono de los temporeros

Explotación y abandono de los temporeros
Cada año, entre finales de junio y principios de julio, llegan a Lleida cientos de personas para trabajar en la campaña de recogida de la fruta. Pasan en la localidad y en las poblaciones cercanas todo el verano, hasta finales de septiembre. Muchos de ellos se alojan en las plazas de la ciudad ante la falta de un espacio adecuado en el que instalarse. También se enfrentan a durísimas condiciones laborales.

“Vienen, algunos con la promesa de trabajo, que a veces no es real, o las condiciones no concuerdan con las prometidas”, explica a Diagonal Javier López, de CGT Lleida. “Hay gente que tiene un trabajo concreto, pero hay un remanente de gente que va a la expectativa, algunos sin papeles: y esto es un obstáculo para encontrar trabajo. Tener papeles tampoco significa que vayan a encontrar trabajo o que les vayan a hacer contrato”, continúa. Como cada año, los cientos de personas que llegan a la zona se encuentran con prácticamente ningún recurso, ni alojamiento, en la mayoría de los casos, ni transporte. Muchos de ellos se instalan en un campamento en un parque de la ciudad. “Allí se suelen quedarse unas cien personas, pero hay más, y no son visibles precisamente para que no les echen”. A lo largo de la ciudad se montan pequeños campamentos de diez o doce personas, también en poblaciones cercanas.

“Si son capaces de ponerse de acuerdo para promocionar frutas y empresas, también se pueden poner de acuerdo para conseguir alojamiento para las personas que hacen posible la campaña de la fruta”

Desde CGT, Crida per Lleida y la Associació Papers i Drets per a Tothom, formada por personas originarias de varios países de África que, en muchos casos, llegaron a la zona como temporeros y terminaron alojándose allí, y Som lo que Sembren, asociación de agricultores y consumidores vinculados a la agricultura ecológica, han denunciado esta situación, que, según afirman, se repite desde hace veinte años.

El régimen agrario es el primer problema con el que se encuentra. “Son ellos los que tienen que darse de alta y baja, muchas veces se les hace tarde para darse de baja y tienen que pagar a la Seguridad Social por días que no han trabajado”, explica Javier. Pero es sólo un punto más de la larga lista de problemas que enfrentan cada año. “La mayoría de los agricultores sí hace bien su trabajo, contratan, dan alojamiento y pagan conforme al convenio. Ellos son los primeros explotados por la gran industria”, explica a Diagonal Gemma Casal, de Crida per Lleida. Son las grandes explotaciones las que, muchas veces a través de las empresas de trabajo temporal, mantienen en pésimas condiciones laborales a los trabajadores.

“Incluso la gente que está contratada está percibiendo 3 euros la hora, y son ellos los que se tienen que pagar el alojamiento, a veces la alimentación y hasta el transporte”, señala Javier López. A los trabajadores temporeros se les cobra hasta 6 euros por persona por llevarlos y traerlos a los espacios de trabajo. No hay alternativa ya que a la hora a la que empiezan las jornadas de trabajo aún no hay transporte público. López explica que, hasta hace unos años, el Servei d'Ocupació de Catalunya facilitaba vehículos para facilitar la contratación, “pero esta medida desapareció”. “Hay días que sólo trabajan tres horas, y entre lo que se queda la ETT [empresa de trabajo temporal] y lo que pagan del viaje, casi no se quedan nada”, añade Casal.

Según explican desde Crida per Lleida, este año el Ayuntamiento ha ofrecido a los trabajadores siete comidas por persona para todo el tiempo de estancia, dos días en los que pueden utilizar las duchas del albergue gestionado por la Fundació Jericó. Pero en muchas ocasiones los horarios de comida o duchas ni siquiera son compatibles con las horas de trabajo”, señala Casal.

Sin espacio para ellos

Casal incide en que, a pesar de que esta misma situación se repite desde hace veinte años, en la ciudad el Ayuntamiento no dispone de ningún espacio adecuadodedicado a acoger a trabajadores temporeros. El único albergue municipal de la ciudad tiene 30 camas fijas y 112 más de urgencia. Lo gestiona la Fundación Jericó.

La mayoría de los trabajadores son contratados en pueblos de alrededor de Lleida, donde se sitúan las grandes empresas y algunos centros familiares. En muchos de los pueblos no hay albergue y, aunque algunos de los agricultores facilitan alojamiento a los trabajadores que llegan a la zona, hay otros que no. “Hay una comunidad importante de trabajadores de origen africano que van de Andalucía a Valencia y después llegan a Lleida. Cuando llegan aquí se encuentran con que no hay espacio habilitado y en los pueblos tampoco hay sitio suficiente. Entre que muchos no tienen papeles y otros tienen miedo, lo que hacen es venir a Lleida, que es la ciudad más grande, y se instalan en las plazas”, narra Casal.

La plaza del Seminari, en el centro de la ciudad, es uno de los principales puntos en los que los trabajadores se instalan. Sin embargo, este año se han encontrado con un nuevo obstáculo. “Nos enteramos de que había programada una excavación arqueológica sobre esta plaza que se tenía que hacer antes de finales de septiembre”, explica Casal. Desde Crida per Lleida pidieron al Ayuntamiento que se diera alojamiento a los cientos de personas que se habían instalado en la plaza y se pusiera en marcha un convenio con organizaciones e instituciones. “Si son capaces de ponerse de acuerdo para promocionar frutas y empresas, también se pueden poner de acuerdo para conseguir alojamiento para las personas que hacen posible la campaña de la fruta”, explica Casal.

También pidieron que, al menos, no se desalojara la plaza hasta que no se les encontrara alojamiento. “Eso fue el día 31 de julio, dos días después mandaron a la policía a desalojar la plaza”. Ante las protestas, la policía accedió a no llevarse las pertenencias de los trabajadores y el Ayuntamiento les dejó estar un día más en la plaza. También accedieron a instalar otras 90 camas de urgencia en el albergue de la ciudad. Sin embargo, muchos de los trabajadores temporeros no accedieron a trasladarse al albergue. “Muchos no tienen papeles y tienen miedo a la presión policial. La policía a veces se presenta a las 5 de la mañana con los camiones de la limpieza y les mojan”.

Trabajadores sociales en paro y contratados

Otra situación que denuncian desde estas organizaciones es la de los trabajadores sociales contratados por el Ayuntamiento para atender a las personas que llegan a Lleida a trabajar en la campaña de recogida de la fruta. “El Ayuntamiento lo que ha hecho es contratar a gente en paro”, explica Javier. Gemma relata que, cuando preguntaron al Área de Inclusión Social del Ayuntamiento les confirmaron que no se había ampliado plantilla en verano, que es cuando llegan los trabajadores temporeros. En su lugar, el Ayuntamiento, a través de convenios con la Diputación, contrata a personas en paro, a los que da una pequeña formación y a los que sólo se paga la diferencia entre lo que cobran del paro hasta cubrir el salario que deberían percibir. De esta manera, trabajan mientras siguen consumiendo su prestación por desempleo. “Es un trabajo que se hace a nivel voluntario, entre comillas. Es un trabajo forzoso”, explica Casal, quien señala que “lo más triste es que esto es legal”.

Una salida organizada

Desde septiembre, el Ayuntamiento ha abierto el diálogo con estas organizaciones para elaborar un proyecto de acogida de los trabajadores temporeros de cara al próximo año. “Ahora estamos en eso”, señala Casal. A día de hoy están debatiendo sobre que perfil de personas y organizaciones deberían implicarse en la elaboración de este plan.