06 octubre 2015

Los trabajadores de Air France ganan fuerza

Decenas de trabajadores de la aerolínea francesa Air France penetraron el lunes en la sede del grupo y asaltaron a miembros de la dirección en el momento en el que desgranaban su plan de ajuste, que incluye el despido de 2.900 empleados, los primeros de la historia de la compañía.
Mientras que el presidente de Air France, Frédéric Gagey, abandonaba de forma precipitada el lugar al ver entrar a los trabajadores:
estos rodearon al director de recursos humanos, Xavier Broseta, a quien desgarraron la camisa. La dirección condenó esos hechos y anunció que presentará una denuncia por "violencia agravada".

Los sindicatos de la aerolínea habían convocado una jornada de paros que ha tenido poca incidencia en el tráfico de la compañía, y una manifestación en las puertas de la sede social de Air France, situada en las proximidades del aeropuerto parisiense de Roissy-Charles de Gaulle.

En el interior la dirección explicaba a los representantes sindicales sus planes de ajuste, que pasan por la reducción de un 10% de su oferta de vuelos, lo que se traducirá en la supresión de 2.900 puestos.

Un grupo de trabajadores logró superar las barreras de seguridad que les impedían la entrada al lugar de la reunión, lo que provocó la suspensión de la reunión y degeneró en incidentes con algunos miembros de la dirección.

Ante la creciente competencia de las compañías de bajo coste en sus vuelos de corta y media distancia y de las aerolíneas del Golfo en los de largo recorrido, Air France puso en marcha un plan de incremento de la productividad que pretendía consensuar con los sindicatos.

Pero la semana pasada dio por rotas las negociaciones y acusó a los representantes de los pilotos de no querer transigir, por lo que lanzó un plan alternativo que pasa por la reducción de la actividad y, por vez primera en su historia, por despidos.

Según las cifras adelantadas a los sindicatos, la empresa pretende prescindir en los dos próximos años de 300 pilotos, 700 azafatas y 1.900 miembros del personal en tierra, de los 64.000 trabajadores que tiene su plantilla.

Cinco conexiones de larga distancia serán suprimidas y catorce de los aviones de su flota suprimidos, además de la reestructuración de algunas de sus rutas.

El Gobierno francés, que tiene el 17,6 % de las acciones de la compañía, respalda los planes de la dirección, pero a través de diversos ministros ha pedido que se recuperen las negociaciones y que los pilotos hagan concesiones.

La empresa les reclama más horas de vuelo por el mismo salario, algo a lo que se niegan alegando que sus condiciones son peores que los de colegas de otras aerolíneas, como Swiss Air, British Airways o KLM, socia de Air France.

La compañía francesa considera que la mitad de sus rutas de larga distancia son deficitarias y que necesita mejorar la productividad de la plantilla en un 17 % para poder ser competitiva.

La aerolínea tiene previsto presentar unas cuentas equilibradas en el presente ejercicio, pero lo atribuye a la caída de los precios de los combustibles y a la actividad inesperadamente alta en el pasado verano.



ACTUALIZACIÓN


La Fiscalía de Bobigny, a las afueras de París, abrió hoy una investigación por las agresiones que este lunes sufrieron varios dirigentes de la aerolínea Air France en el momento en el que desgranaban su plan de ajuste, que incluye el despido de 2.900 empleados, los primeros de la historia de la compañía. La investigación, confiada a la policía de fronteras, parte de la denuncia presentada anoche por la aerolínea francesa por "degradaciones", "trabas al desarrollo del comité de empresa" y "violencia agravada".

A la denuncia, se suman las interpuestas por cinco directivos, entre ellos el responsable de recursos humanos, Xavier Broseta, que acabó con la camisa desgarrada, y el director de recursos humanos de la actividad de largo recorrido, Pierre Plissonnier.

En el comité de empresa interrumpido la dirección explicaba a los representantes sindicales sus planes de ajuste, que pasan por la reducción de un 10% de su oferta de vuelos, lo que se traducirá en la supresión de 2.900 puestos.

Un grupo de trabajadores logró superar las barreras de seguridad que les impedían la entrada al lugar, lo que provocó la suspensión del comité y degeneró en incidentes.

El presidente de Francia, François Hollande, condenó y tachó de "inaceptables" esos altercados, alertó de que "pueden tener consecuencias sobre la imagen" y el "atractivo" del país, y subrayó que la única carta que debe jugarse es la del compromiso y la negociación.

Por su parte, el primer ministro, Manuel Valls, que para mostrar su apoyo acudió a la sede social de la empresa, situada en las proximidades del aeropuerto parisiense de Roissy-Charles de Gaulle, denunció que ese altercado "es obra de gamberros", y debe ser condenado.

"Constituye no solo una falta profesional, sino una falta penal, intolerable", indicó el jefe del Gobierno, que destacó que la puerta de las negociaciones debe seguir abierta para avanzar, "pero jamás bajo la amenaza de la violencia".

El Gobierno francés, que tiene el 17,6% de las acciones de la aerolínea, respalda los planes de la dirección, pero insta a que se recuperen las negociaciones y a que los pilotos hagan concesiones.

La empresa les reclama más horas de vuelo por el mismo salario, algo a lo que se niegan alegando que sus condiciones son peores que los de colegas de competidores como Swiss Air, British Airways o KLM, socia de Air France.