30 noviembre 2015

La precariedad convierte en agradecidos los contratos de pocos días

La precariedad convierte en agradecidos los contratos
A Laura Guerrero, que le llamaran para ser empaquetadora le vino caído del cielo. Como un regalo de Navidad adelantado. A sus 35 años, separada y con un hijo, dos años seguidos en el paro, viviendo de alquiler, cualquier oportunidad de ingresar dinero cada mes es importante. Aunque sea para dos meses, que es el contrato de refuerzo para la campaña navideña que le ha ofrecido Amazon, el gigante mundial del comercio electrónico.

"Empecé a trabajar a principio de noviembre, es un contrato para dos meses", comenta esta vecina de Torrejón del Rey (Guadalajara) nada más llegar a la planta logística que Amazon posee en la localidad madrileña de San Fernando de Henares. Media hora de carretera desde su casa. Ocho horas de trabajo diario en turno de tarde. Dos meses no es mucho tiempo, pero dos años sin empleo se hacen aún más largos. 

Laura nunca pensó que podría trabajar como embaladora, pero la crisis de la construcción le agarró en la peor época para el sector. "Trabajé siete años para FCC manejando un puente-grúa y cargando camiones. La verdad, es un trabajo demasiado peligroso para una mujer, una vez se me cayó encima un peso de 500 kilos y tuvieron que operarme", recuerda. 

Cuando acabó el trabajo en la construcción, se pasó al sector de la logística para trabajar en picking durante año y medio. Desde entonces, el frío del desempleo. Como mucho ha tenido trabajos esporádicos de quince días. "Ahora Amazon me ofrece dos meses, pues bienvenidos son. Podré tapar agujeros", dice esta vecina torrejonera sobre el primer empleo 'de temporada' en su vida laboral. "Y me pagan bien", admite. Según Amazon, los nuevos empleados tiene un salario bruto mensual de 1.422 euros. 

Pero no solo es el sueldo. Su trabajo es ahora menos peligroso. No hay ferralla que se le caiga encima. Entra cada día a las 15:30, se coloca en una amplia mesa con un ordenador donde visualiza los pedidos. Elige el embalaje según el tamaño del pedido. Y con el paquete ya listo, lo coloca en una cinta transportadora para que llegue al cliente en el plazo comprometido. Laura ahora es una packer. Una empaquetadora de toda la vida, vaya. Amazon tampoco la considera una empleada, sino una associate. Prefieren el término inglés "para que la gente se motive y se sienta parte de la empresa, parte del sueño", comenta Abel Tintos, un portavoz de la empresa. 

"Tras la campaña de Navidad, quién sabe..." 

"Llevaba mucho tiempo queriendo entrar en esta empresa, siempre me hablaron muy de ella y veo que este sector va para adelante. Tras la campaña de Navidad, quién sabe...", suelta Laura con segundas delante de Abel para insinuar su intención de poder quedarse en la compañía. El guiño de Laura no es una locura. Según Adam Sedó, director de comunicación de Amazon España, el 25% de los 400 trabajadores que contrataron en la pasada campaña navideña se quedaron después en la empresa. "Aunque la posibilidad de volver a hacerlo dependerá de las necesidades de la empresa y del encaje del trabajador", puntualiza. 

De momento, Laura encajó para ser seleccionada y trabajar en Amazon. Su currículum fue seleccionado en un portal de empleo online. Pasó una entrevista, de las tradicionales. Y luego un test psicotécnico, una prueba menos habitual en las empresas españolas que en las estadounidenses. "Nada, colocar unas fichas en unas casillas en diez minutos, nada complicado", recuerda. Un mes después de que echara el currículum, estaba contratada.

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