25 enero 2016

La basura, una oportunidad de empleo

El desperdicio de alimentos, un problema pero también una oportunidad para crear empleo
Existe soluciones tecnológicas, pero también hace falta sensibilización para cambiar los hábitos y modelos de consumo

Vivimos en sociedades opulentas; en las que los supermercados, los restaurantes y nosotros en casa tiramos comida, mientras miles de familias pasan hambre y muchos niños llegan al colegio sin haber desayunado. El creciente número de desperdicios alimentarios es un problema frente al cual hay soluciones innovadoras en la industria y el hogar que permiten incluso aprovechar muchos de los productos que irán a la basura.

 La media de alimentos desperdiciados en España es de 179 kilos por habitante al año, que se incluyen en los 1.300 millones de toneladas en los que la Comisión Europea cifra los alimentos que anualmente se desaprovechan en todo el mundo, según informa Ainia Centro Tecnológico. España es además el séptimo país europeo que más comida desperdicia, unos 7,7 millones de toneladas de comida terminan en la basura cada año. 

Este vergonzoso ranking lo encabeza Reino Unido (14,4 millones); Alemania (10,3 millones); Holanda (9,4 millones); Francia (9 millones); Polonia (8,9 millones) e Italia (8,8 millones). El porcentaje más alto de desperdicio alimentario se produce en los hogares, donde alcanza el 42%, mientras que en la fase de fabricación el porcentaje llega al 39%, en la restauración al 14% y en la distribución al 5%. El Ministerio de Agricultura calcula que entre un 30 y un 50% de los alimentos sanos y comestibles a lo largo de todos los eslabones de la cadena agroalimentaria hasta llegar al consumidor que podrían ser aprovechables “se convierten en residuos”. 

Según Ainia, se puede encontrar la causa de estas elevadas cifras de comida desperdiciada desde el inicio de la producción del producto hasta el momento en que es consumido, y pueden oscilar entre un funcionamiento ineficiente de las cadenas de suministro o una inadecuada gestión y manipulación de los alimentos, hasta malos hábitos de compra y consumo por parte de los consumidores. Ante estas elevadas cifras, Ainia Centro Tecnológico propone aumentar la vida útil de los alimentos con el desarrollo de nuevos envases que incorporen materiales barrera, que sean activos o inteligentes o que permitan mejores sellados o máxima extracción de producto. 

Otra solución es la implantación en las empresas de nuevas tecnologías limpias en procesos y actividades auxiliares, que minimicen la producción de subproductos, o de sistemas de inspección avanzada con visión artificial incorporados a los sistemas de control de calidad para trabajar en la optimización del producto. En materia de logística y transporte, se han desarrollado sistemas que mejoran la sincronización de los procesos para disminuir la pérdida de alimentos. 

Qué hacer en el hogar 

En el hogar, según Ainia, el consumidor puede adoptar buenas prácticas para el aprovechamiento de los alimentos, como realizar antes de la compra una lista de los productos e ingredientes que necesita o elegir productos con la fecha de caducidad en función de cuando se tenga previsto su consumo. Una vez en casa, se recomienda colocar la compra de forma ordenada para favorecer la visualización de los productos con el fin de no acumular alimentos “escondidos” que acaben por pasarse de fecha de consumo. Se aconseja gestionar adecuadamente lo que se ha comprado, congelando los alimentos frescos que se vayan a consumir en un plazo breve, así como ordenar los productos por prioridad de consumo y, a la hora de cocinar, calcular las medidas según los comensales. 

Otras recomendaciones son no hacer raciones demasiado grandes al servir, pensar en recetas con productos que hayan sobrado y adquirir envases que se ajustan al consumo de cada hogar. En Ainia también abogan por promover acciones de sensibilización e impulso a cambios en los hábitos y modelos de consumo, que permitan reducir el desperdicio, basados en las tecnologías de la información. Algunos ejemplos son aplicaciones en la red para la redistribución de excedentes o el desarrollo de aplicaciones para la sensibilización e innovación social que promuevan mejoras en la planificación de compra.

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