Amas y amos de casa

Cobrar sueldo como ama de casa y cotizar

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En la mayoría de los casos y casi que sin excepción, a las mujeres, tarde o temprano, ya sea temporal o definitivamente, nos toca dedicarnos a las tareas de la casa y al cuidado, crianza y educación de los hijos. Esta es una labor imprescindible que la mujer actual compatibiliza con su trabajo profesional fuera del hogar. Casi todas las mujeres del mundo tenemos una “doble” carga o exigencia que es la de ser profesionales muy competentes y, a la vez, excelentes madres, esposas, hijas y “amas de casa”.

Afortunadamente los tiempos han cambiado y hoy los hombres, que también en la mayoría de los casos son excelentes padres, esposos, hijos y trabajadores, participan muy activamente en las tareas del hogar y en la educación y cuidado de los hijos. Pero, lamentablemente, el reparto del cuidado de los hijos y de las labores domésticas, todavía sigue siendo poco equitativo entre el hombre y la mujer.

La sociedad actual debe asumir la distribución equitativa de las labores del hogar entre hombres y mujeres. Es cuestión de educación desde la infancia y dentro de la propia familia. Aunque parezca increíble, aún existen madres que consideran que sus hijos varones no deben cocinar, ni planchar, ni hacer la cama, ni recoger la mesa… y por eso no les enseñan ni los obligan a hacerlo.

En general, es la mujer la que sigue soportando la mayor carga de las tareas del hogar y, además, “aporta económicamente” con su trabajo profesional “fuera de casa”. Nadie se sorprende que la mujer que ha conformado un hogar reciba un salario por su trabajo profesional externo o fuera de casa, ya sea como autónoma, asalariada, empresaria, funcionaria, política o cualquier otra actividad laboral con la que influye de manera muy positiva en la sociedad a la que pertenece.

Es muy común oír por todas partes que la mujer moderna, además de sus labores domésticas, contribuye con la economía del hogar a través de la retribución de su trabajo profesional fuera de casa. Y es verdad y está muy bien. ¿Pero qué sucede con esas otras miles y miles de mujeres que dedican todo su tiempo exclusivamente a su familia y a las tareas de su casa? ¿Alguien podría pensar que “como ellas no trabajan” no “aportan efectivamente en la economía doméstica”?

Muchas veces me sorprendo cuando oigo decir a algunas mujeres: “yo no trabajo, solo me dedico al cuidado mi hogar”. ¿Acaso no es éste un trabajo duro, difícil, continuo, sin descanso, sin vacaciones y que muchas veces pasa tan desapercibido que ni siquiera lo agradecen los demás miembros del hogar? ¿No es éste un trabajo profesional que requiere de mucha destreza, experiencia, conocimientos, ingenio y paciencia? ¿No son las amas de casa las que más saben y aplican en sus casas sus conocimientos domésticos de economía, finanzas, administración, gerencia, planificación, salud familiar, psicología, medio ambiente, etc.?

Lo que sucede es que este trabajo no tiene ninguna remuneración ni reconocimiento ni agradecimiento. ¿Cuántas horas del día dedica un “ama de casa” o “jefa del hogar” a cocinar, limpiar, ordenar, hacer la compra, planificar los menús, lavar y planchar la ropa, escuchar a sus hijos, atender a su marido, cuidarlos cuando enferman, desvelarse por ellos, intentar entenderlos, etc. etc. etc.? Y muchas veces ni las gracias reciben por ello. Con gran esfuerzo y sacrificio consiguen que todo en casa esté limpio, ordenado, perfecto y puntual, pasando tan desapercibida su labor, que ni se dan cuenta los otros miembros de la familia. Pero, eso sí, cuando excepcionalmente alguna vez algo está desordenado, sucio o fuera de hora, todos se dan cuenta y hasta le reclaman.

El trabajo de un ama de casa es silencioso, pero muy eficaz y por esta labor la jefa de hogar debería cobrar un sueldo mensual y estar dada de alta en la Seguridad Social, cotizando mes a mes para poder pensionarse. Esto no es una locura, es de justicia y derecho. Tareas como limpiar, cocinar y educar a los hijos tienen que ser remuneradas, porque estos trabajos no sólo benefician a las familias concretas, sino también a la sociedad y al Estado. 

Hay estudios serios que comparan los bienes y servicios que brindan estas mujeres a su familia y a la sociedad de manera “gratuita” con los mismos bienes y servicios disponibles en el mercado laboral. Y si se tiene en cuenta el dinero que cada ama de casa “ahorra” a la familia dentro del presupuesto familiar, especialmente cuando desarrolla diferentes tareas hogareñas de manera simultánea, como sus labores de logística y toma de decisiones, la suma se eleva porque su trabajo va mucho más allá que el que puede realizar una empleada doméstica o un ama de llaves.

Las amas de casa en su rutina diaria del hogar invierten un promedio de 13 horas en las tareas domésticas, dedicándose en exclusiva a ellas. Y si realizan un trabajo fuera de casa, además del horario laboral externo, dedican un promedio de 5 horas diarias de esfuerzo adicional con su trabajo del hogar.

Un estudio en Estados los Unidos (Salary.com, una firma de Massachusetts), considera que si a las madres que trabajan en casa se les pagase por su tiempo como cocineras y psicólogas, entre sus otras labores, ganarían unos 134.000 dólares al año (es decir, unos 11.000 al mes). Esto nos da una idea de lo mal compensado y considerado que está el trabajo de las amas de casa.

Esta misma firma americana, especializada en analizar los salarios de los trabajadores, considera que las amas de casa realizan nada menos que diez trabajos al mismo tiempo: de ama de casa, cocinera, maestra, operadora de lavadoras, conductora, portera, encargada de mantenimiento, operadora de PC, psicóloga, además de ejecutiva financiera del hogar. Todos estos “roles caseros” a precio de mercado, costarían 134.000 dólares anuales.

Una madre dedica unas 90 horas a la semana a todos estos trabajos, más unas 52 horas extras. Una encuesta realizada por Salary.com, a través de las respuestas online de 26.000 madres amas de casa y otras 14 mil que también tienen un empleo fuera, indica que una madre que trabaja a tiempo completo fuera de casa ganaría unos 85 mil dólares adicionales por el trabajo que hace dentro de casa.

Las mujeres tenemos que darnos cuenta que, tanto las que se quedan en casa como las que trabajamos fuera, tenemos una gran responsabilidad en la que invertimos muchas horas productivas. El valor real por estas labores domésticas dentro del mercado laboral es muy alto, cuantitativa y cualitativamente hablando.

Y la realidad es bien distinta, puesto que muchas mujeres dedican buena parte de su existencia a realizar un trabajo gratuito y sin derecho a ningún tipo de prestación social. El trabajo de una mujer en el hogar no es nada fácil, implica demasiadas horas y los fines de semana, cuando los demás trabajadores descansan, ellas trabajan aún más. Lo más duro es que cuando ya han sacado a sus hijos adelante, y podría pensarse que por fin pueden descansar, les llega la otra “carga” de cuidar a sus nietos y a sus padres ancianos y enfermos. Y esto también lo hacen gratis.

Un ama de casa realiza un trabajo que genera riqueza al Estado y felicidad a la familia y a la sociedad. ¿Ella no puede aspirar a percibir un salario y una pensión de jubilación? El ama de casa mueve objetivamente la economía del país y este hecho no se ha estudiado lo suficientemente por nuestros economistas y legisladores.

Sí, podría pensarse que ellas por su propia voluntad se quedan en sus casas cuidando a las familias. Y que otras mujeres salen a trabajar fuera y “pagan” a una asistenta para que atienda las labores de la casa. Pero lo justo sería que la mujer pudiera elegir libremente entre trabajar fuera de casa o trabajar dentro de casa, pero cobrando por este trabajo.

El trabajo de un ama de casa es precioso y le proporciona mucha satisfacción personal. Sucede que ahora, con el desempleo que tenemos en España (¡cinco millones de personas paradas!), muchos hombres “desempleados” no les queda más remedio que quedarse en casa atendiendo a sus hijos y ejerciendo las labores domésticas, mientras consiguen empleo; entonces, empiezan a “descubrir” la importancia y trascendencia de ser “amos de casa” y la dificultad y sacrificio personal que ello conlleva. Incluso, hay hombres que decidirían dedicarse por completo a las labores de su hogar, pero “cobrando y cotizando”. Seguramente que los hombres hacen muy bien estas labores domésticas y que serían estupendos “amos de casa” si se dedicaran a ello por completo.

Podría alegarse que las amas de casa no están “contratadas”, por eso no es fácil cuantificarles un sueldo, ¿quién les pagaría y con qué dinero? Efectivamente, un sueldo para las amas de casa plantea varios problemas de difícil, pero no imposible solución. ¿De dónde procederían estos fondos? ¿Quiénes tendrían acceso a él? ¿Todas las mujeres recibirían el mismo salario con independencia de la tarea que realicen en sus hogares y de su nivel social?

Según el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que es la mayor institución pública dedicada a la investigación en España, se considera que el trabajo de las amas de casa se podría cuantificar por un valor monetario de unos 424.140 millones de euros, esto es, el 50% del PIB de España.

El Estado no les debería ayudar con un sueldo y una pensión para cotizar en la Seguridad Social? ¿Ellas no tienen derecho a jubilarse? Hay quienes opinan que para afrontar su jubilación un ama de casa puede recurrir a la contratación de pólizas privadas, pedir más subvenciones públicas y reivindicar más ayudas y que con esto ya sería suficiente…

Las amas de casa deberían reclamar su inclusión en el PIB y un estatuto propio. Su trabajo debe ser valorado a precio de mercado, es decir, cuánto le costaría al Estado conseguir esos bienes y servicios si tuviera que pagarlos.

Pero si se piensa a fondo, puede concluirse que este amplio colectivo de amas de casa (que son trabajadoras) está muy discriminado laboral y fiscalmente hablando. Por ejemplo, ellas no pueden declarar la renta por separado de su marido, a diferencia de lo que se permite a las parejas con dos ingresos y, por tanto, no se pueden acoger a las deducciones fiscales que favorecerían a la unidad familiar. El Estado considera que sus ingresos son 0 euros de renta y no el 50% del sueldo de sus maridos, que es lo que establece el Código Civil cuando están acogidas al régimen económico matrimonial de gananciales.

¿Será que si fueran muchos los “amos de casa”, ellos sí reivindicarían y conquistarían este derecho que las mujeres todavía no hemos conseguido porque poco lo hemos reclamado?

Por Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho